Motivación en la actividad física y el deporte.

“ESTAR MOTIVADO”: UN PAR DE PISTAS SOBRE MOTIVACIÓN

Por: Prof. Marcela Herrera
Máster en Psicología del Deporte
Doctoranda en Psicología del Aprendizaje Humano
Directora Psicoaching
[email protected]

Nunca midas la altura de una montaña hasta que no hayas llegado a la cumbre. Entonces verás que no era tan alta como pensabas.

“Dag Hammarkskjold”

La motivación es una condición fundamental para la actividad física y el deporte, sin la motivación apropiada es muy difícil por ejemplo que un deportista se dedique al deporte con la frecuencia, duración, sacrificio, duración, intensidad, concentración, sobreesfuerzo, sacrificio y constancia que éste requiere.

Sin ir más lejos el hecho de emprender una actividad dirigida en un gimnasio requiere también de que “uno esté motivado” y en general lo requiere cualquier acción. Siguiendo a Roca (2008) cuando hablamos de motivación humana en un lenguaje cotidiano lo hacemos para referirnos que cada persona tiene algo que le mueve a actuar, como concepto psicológico se puede definir como un conjunto de factores internos y externos que nos incitan a realizar una acción (Viadé, 2007).

Algunos estudios nos indican que hay como mínimo dos estilos de motivación: las personas motivadas por la tarea y otras motivadas por el ego/yo. Una misma persona puede responder con cualquiera de los dos estilos en diferentes momentos o en situaciones distintas, pero por norma general un estilo predominará sobre otro. Estos dos estilos reflejan el criterio por el que los sujetos juzgan su competencia y por el que subjetivamente definen el éxito y el fracaso en los contextos de logro, en este caso dentro de un deporte.

Las personas motivadas por la tarea se interesan por lo que hacen. Su satisfacción personal se basa en el trabajo bien hecho. Este tipo de motivación se caracteriza porque la persona no abandona con facilidad la tarea para la que se ha motivado. Una patinadora sobre hielo nos comentaba hace unos años que ella patinaba para evolucionar y lograr saltos, piruetas y ángeles porque le producía una sensación de libertad como pocas y que sabía que esforzándose podría conseguir su ansiado “triple”.

Las personas motivadas por el ego/yo se interesan por la importancia que los demás dan a lo que hacen, la satisfacción personal se basa en la respuesta positiva del entorno deportivo y social. Pierde con facilidad la motivación si cree que lo que hace, aunque tenga éxito no mejora suficiente su prestigio. Un tenista llegó al estudio cabizbajo porque no tenía muy claro porqué entrenaba y se quejaba de que su entrenador nunca le decía nada positivo (eso pudo influir pero no fue solamente este factor). Luego de un diagnóstico inicial vimos que siempre tendía a compararse con otros (en exceso) y que en su discurso aparecía con frecuencia “quiero ser el mejor y quiero hacerlo mejor que mis amigos porque los otros no pueden hacerlo tan bien como yo”.

La motivación no afecta directamente al rendimiento. Pero por norma general provoca un aumento de la capacidad de atención con respecto a las cosas que les motiva. Es decir que si se dan las circunstancias de tener un entrenador con un estilo de comunicación asertivo, que sepa cuáles son sus objetivos y que sabe orientarlos, que el feedback que recibe de su entorno lo refuerza y entrena paralelamente diferentes habilidades como autogestionarse en momentos de presión es probable que la persona no pierda la motivación y que su rendimiento se potencie notablemente.

Lo que si podemos decir que mejora directamente el rendimiento es la percepción sobre las propias habilidades, esta característica la llamamos autoconfianza (Viadé, 2007)

Tenemos que saber también que la motivación varía durante la temporada, pero se pueden establecer algunos criterios que podemos contemplar:
– El éxito debe ser interpretado en términos de superar objetivos propios.
– Establecer metas personales realistas.
– Reconocer las propias limitaciones.
– Experimentar el éxito: orientar las sensaciones y emociones de un éxito personal o grupal.
– Atender a los posibles factores de ansiedad y estrés que podemos experimentar si deseamos alcanzar un objetivo en particular: sobreactivación de los sentidos.
– Reforzar la autoconfianza y la autoeficacia.

Comenzamos con una cita de un escalador y quisiéramos terminar con una cita de Neruda:

Recuerda que cualquier momento
es bueno para comenzar y
que ninguno es tan terrible para claudicar.
Aprende de los audaces,
de los fuertes,
de quien no acepta situaciones,
Aprende a nacer desde el dolor
y a ser más grande
que el más grande de los
obstáculos.

BIBLIOGRAFÍA
– Roca. J (2008) Automotivació, Editorial Paidós. Barcelona.
– Viadé, A (2007). Psicología del Rendimiento. Ediciones UOC.


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